La avellana tiene un elevadísimo porcentaje de grasas monoinsaturadas y de ácido oleico. En realidad es el fruto seco que contiene más cantidad de este tipo de grasa, lo cual la convierte en un fruto seco realmente muy cardiosaludable. Recordemos que el ácido oleico es el ácido graso mayoritario del aceite de oliva. Por tanto, es un producto perfecto para las personas que tengan problemas de hipertensión, de hipercolesterolemia o que quieran simplemente cuidar sus arterias.
Otra característica a destacar es su aporte de vitamina E, vitamina antioxidante y con múltiples acciones en el organismo. La vitamina E se encuentra en los aceites de semillas, en el aceite de oliva, en el aguacate y en los frutos secos. Hay estudios que demuestran que una ingesta adecuada de vitamina E previene múltiples enfermedades y que tiene un poderoso efecto “antienvejecimiento”.
La dosis de hierro junto a la de ácido fólico hace que sea un alimento muy apropiado también para las personas con tendencia a anemia ferropénica. Es cierto que el hierro de los vegetales se absorbe menos fácilmente, pero la verdad es que puede ser un buen complemento para que tengamos los niveles óptimos de éste mineral.
100 g de avellanas aportan:
Kcal, 565
Proteínas, 14,2
Grasas, 54,50 g (38,25 g monoinsaturada, 5,04 g poliinsaturada, 3,51 g saturada)
Carbohidratos, 5,30 g
Fibra, 10 g
Calcio, 193 mg
Hierro, 7,90 mg
Magnesio, 168 mg
Zinc, 2,90 mg
Sodio, 4,10 mg
Potasio, 504 mg
Fósforo, 401 mg
Vitamina B1, 0,30 mg
Vitamina B2, 0,08 mg
Vitamina B3, 5,90 mg
Vitamina B6, 0,55 mg
Ác. fólico, 110 ug
Vitamina E, 21 mg |